Si recientemente hablábamos de algunas claves para mejorar la redacción de contenidos a efectos del SEO, hoy nos centraremos en la otra cara de la moneda: las técnicas visuales para expresar tus conceptos o, tal como se denomina en la jerga anglosajona, el visual thinking. Si lo primero sirve para que tu usuario llegue a tu contenido, lo segundo es un gran acicate para que se quede… y lo comparta.

Además, estas técnicas no solo son válidas para transmitir mensajes a clientes potenciales, sino que también facilitan la comunicación dentro de las empresas. En algunos departamentos de marketing en Internet existen incluso visual thinkers que traducen los contenidos de una ponencia o una reunión a una representación gráfica. Cabe decir que el primer paso para comunicar algo al exterior consiste en procesarlo visualmente dentro de la propia organización. Es más, plasmar visualmente una idea es garantía de que nosotros mismos la hemos entendido con claridad, puesto que nos hemos visto obligados a despojarla de ruido conceptual.

Existen diversos cauces de representación visual, pero la clave de todos ellos es que permiten a cualquier persona entender –y recordar– un concepto de un solo vistazo. Conviene recordar asimismo que forman parte fundamental del branding de una compañía.

Iconos

La primera expresión de la lengua escrita fueron los pictogramas, que permitían sintetizar imágenes en pocos trazos. Ya se utilizaban en las pinturas rupestres, pero su capacidad para transmitir ideas no ha perdido la menor vigencia. Se trata de un complemento idóneo para aligerar contenidos en los que existe una carga de texto considerable. Eso sí, reducir un concepto complejo a un simple dibujo, requiere una reflexión profunda acerca de lo que queremos transmitir.

Los iconos son el primer ladrillo en la construcción de un discurso visual, por lo que conviene prestar especial atención a su diseño y uso. Si tenemos un punto de partida sólido, podremos utilizarlos posteriormente en múltiples formatos, ya sean estáticos o animados. Además, le van como anillo al dedo al diseño web.

Ejemplo de pensamiento visual icónico
Los iconos plasman ideas de forma inmediata y sintética

Infografías estáticas

Las infografías han ido cobrando una relevancia cada vez mayor en los medios de comunicación por su capacidad para transmitir gran cantidad de datos. Aunque originalmente su foco estaba puesto en contenidos estadísticos, hoy el concepto es mucho más amplio. Una infografía estática puede generar movimiento simplemente con la disposición de los elementos, los colores y las jerarquías. Resultan especialmente útiles a la hora de comunicar procesos. Por ejemplo, representar una cadena de producción en una empresa o bien sintetizar un proceso de compra online en sencillos pasos.

 

Animaciones

El 90% del tráfico de Internet consiste en vídeos. Si no estás apostando por transmitir tus contenidos de forma audiovisual, estás limitando tu audiencia potencial. Pero no te preocupes, no hace falta generar un vídeo con la ambición de ser el nuevo Pixar. Un recurso interesante puede ser la utilización de GIFs animados que dinamicen tus contenidos online y guíen la mirada del usuario. Por supuesto, el nivel de complejidad puede ir en aumento si nos decantamos por los recursos sonoros o queremos generar animaciones con efectos. En tal caso, entrará en la ecuación el desarrollo del guion y un story board con viñetas. Por último, se puede recurrir a las infografías interactivas, que añaden una capa de complejidad.

Memes

Hace algunos años la periodista Delia Rodríguez publicaba un libro titulado “Memecracia” en el que analizaba el peso y la importancia de los mensajes icónicos que se generan y comparten en Internet, hasta el punto de gobernar nuestro pensamiento. En él mencionaba ejemplos como el mítico vídeo de “Yes we can” de Obama. Su peso en la comunicación actual es innegable, especialmente en redes sociales como Twitter. Los memes tienen vida propia y van mutando a medida que los usuarios los procesan y reinterpretan. Ciertamente, a veces basta con muy poco para transmitir mucho. Sobre todo si se aprovecha una carga otorgada. Es decir, una base visual previamente conocida y compartida como es el caso de los memes.

En este sentido, existe la posibilidad de trabajar con memes ajenos, adaptando sus mensajes, o de que algún elemento de una campaña de nuestra marca –sin duda, lo más difícil– migre al imaginario colectivo como tal sucedió con “El hombre más interesante del mundo”, la campaña publicitaria de una cervecera mexicana, cuyo protagonista se convirtió en carne de meme.

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